Olga Sosa propone agricultura regenerativa para recuperar suelos en México

Ciudad de México.— La agricultura regenerativa podría incorporarse formalmente a la política agrícola nacional mediante una reforma a la Ley de Desarrollo Rural Sustentable presentada en el Senado, que plantea recuperar la salud de los suelos y mejorar la productividad ante problemas como sequías, erosión y pérdida de fertilidad.
La iniciativa, impulsada por la senadora tamaulipeca Olga Sosa Ruiz, presidenta de la Comisión de Agricultura, propone que el Gobierno federal implemente diagnósticos, asistencia técnica, innovación y apoyos dirigidos a mejorar las condiciones de las tierras destinadas a la producción agropecuaria.
El proyecto considera al suelo como parte fundamental de la infraestructura productiva del campo debido a que factores como su fertilidad, contenido de materia orgánica y capacidad para conservar agua inciden directamente en los rendimientos agrícolas y en la resistencia de los cultivos frente a condiciones climáticas adversas.
¿Qué propone la reforma sobre agricultura regenerativa?
La propuesta busca incorporar en la legislación el concepto de agricultura regenerativa, entendido como un modelo orientado a conservar y recuperar progresivamente la salud del suelo, el ciclo del agua y la biodiversidad, sin dejar de considerar la productividad y rentabilidad de las unidades agrícolas.
También plantea facultar a la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural para establecer indicadores que permitan medir aspectos como materia orgánica, erosión, cobertura del suelo, infiltración y retención de agua, compactación, salinidad y disponibilidad de nutrientes.
A estos parámetros se sumarían mediciones relacionadas con el uso eficiente de insumos, productividad y rentabilidad, con el objetivo de evaluar los resultados de las prácticas implementadas en cada región.
¿Por qué preocupa la pérdida de fertilidad de los suelos?
Datos del Censo Agropecuario 2022 señalan que México cuenta con más de 29.8 millones de hectáreas destinadas al uso agrícola y alrededor de 4.6 millones de unidades de producción agropecuaria activas.
Además, 74% de la superficie agrícola nacional es de temporal, por lo que depende de las lluvias y de la capacidad de los suelos para captar y conservar la humedad.
Entre las principales dificultades reportadas por las unidades de producción se encuentran los altos costos de insumos y servicios, mencionados por 88.8%; las pérdidas ocasionadas por factores climáticos o biológicos, con 61%, y la disminución de la fertilidad del suelo, identificada por 29.9%.
“Cuidar y recuperar nuestros suelos no significa producir menos; significa producir mejor, reducir riesgos y garantizar que las próximas generaciones puedan seguir viviendo del campo”, sostuvo Olga Sosa al presentar la propuesta.
¿Quiénes tendrían prioridad en los apoyos?
La reforma plantea dar prioridad a pequeñas y medianas unidades de producción, ejidos, comunidades, mujeres rurales, jóvenes y productores ubicados en regiones afectadas por degradación del suelo, estrés hídrico o elevada vulnerabilidad climática.
Otro de los puntos establece que los apoyos públicos no podrán condicionarse a la compra de una marca, insumo o tecnología específica, ni a la contratación de una certificación privada determinada.
La intención es que los productores puedan seleccionar las prácticas y tecnologías más adecuadas para las características de sus tierras, combinando conocimiento científico, innovación y experiencia agrícola.
¿Qué impacto tendría la agricultura regenerativa en Tamaulipas?
Para Tamaulipas, donde amplias regiones dependen de la agricultura de temporal y enfrentan periodos recurrentes de sequía, la iniciativa abre la posibilidad de desarrollar programas específicos para recuperar suelos y mejorar su capacidad de conservar humedad.
Los diagnósticos y proyectos podrían adaptarse a las distintas zonas productivas del estado, desde los municipios agrícolas de la frontera y el centro de Tamaulipas hasta la región cañera de El Mante y las áreas productivas del sur.
La propuesta busca que la recuperación del suelo vaya acompañada de mejores condiciones de productividad y rentabilidad, especialmente ante el incremento de los costos de producción y los efectos de fenómenos climáticos sobre el campo.
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