El Momento de decir la Verdad

Heriberto y Esther acudieron con una psicóloga que se especializaba en atender niños, a quien le dijeron la situación que estaba pasando y que la persona más importante en todo esto era Matías y que por lo tanto no querían afectarlo de ninguna manera, la psicóloga Aidé los escucho muy atenta, y les recomendó que Matías podía acudir lo más pronto posible a sesiones con ella, dos veces por semana por una hora y media, lo iba a evaluar para determinar qué grado de madurez presentaba el pequeño a sus 4 años y medio  y de ahí partiría para saber de qué manera iba a llevar a cabo las sesiones, los papás del pequeño estuvieron en total acuerdo.

Pasaron las  primeras cuatro sesiones que Matías asistió con la psicóloga y ella ya tenía un diagnostico que darle a Esther y a Heriberto, Matías era un niño muy noble, amable, inteligente y maduro para sus 4 años y medio de vida, y en la conversación que tuvieron aparte de juegos y dinámicas que los psicólogos suelen utilizar en sus sesiones, el niño expreso el gran amor que siente por su mamá, por sus abuelitos, por su tía Nidia, por su esposo Jaime y por su bebé al cual considera no solo un primo sino su hermanito menor, también mostró cariño hacia sus maestras y sus amiguitos y cuando mencionaron a Heriberto al niño se le lleno su rostro con una enorme sonrisa y dijo que lo quería mucho y que si un día alguien le quisiera regalar un papá el pediría que fuera Heriberto. El diagnostico era muy positivo ya que todo indicaba que el niño tomaría con madurez y con mucha alegría la noticia. Pero era muy claro que todavía no era el tiempo para decirle, sería más adelante.

En la última sesión Aidé cito a Esther, Heriberto y a Matías, estando los tres presentes la psicóloga tomo la palabra y le dijo al pequeño que su mamá le quería hacer un regalo, que la escuchara con mucha atención, a lo que Matías muy emocionado giro su cabecita hacia su mamá, con una enorme sonrisa, unos ojos brillosos y con sus manitas aplaudiendo de lo emocionado al esperar que regalo le iba a dar su mamá,  Esther se le quedo viendo con una mirada de amor incondicional, y le dijo “Matías, hoy te voy a dar un regalo muy importante para ti, para tu vida, yo sé que lo vas a recibir con mucho amor porque te hará muy feliz, no es un juguete, ni tampoco es un dulce, este regalo es una persona que te ama tanto como te amo yo, esa persona se ha dedicado a enseñarte muchas cosas y sé que tú también lo amas demasiado, bueno Matías yo te regalo a tu papá Heriberto”, el niño grito de felicidad y abrazo a su mamá la beso y muy emocionado le dijo que ese regalo lo hacía muy feliz y que lo había estado esperando y que le daba las gracias, al dejar de abrazar a Esther volteo a ver a Heriberto quien con lágrimas en los ojos lo esperaba hincado en sus rodillas con los brazos abiertos esperando un abrazo de Matías, el pequeño de inmediato se fue a los brazos de Heriberto y los dos se fundieron en un abrazo, el niño le cuestiono a Heriberto que si aceptaba ser su papá a lo que respondió que él siempre había sido su papá y que si lo aceptaba.

La psicóloga Aidé interviene y le dice a Matías que Heriberto es su papá, él fue quien dio su semillita la que le pusieron a su mamá en su pancita y fue así que él iba creciendo dentro de ella, hasta que se llegó el día en que tenía que salir y los doctores la ayudaron a que naciera el guapo Matías, el niño sonrío y tomo a sus papas uno con cada manita. Ya había pasado lo difícil que era decirle al niño la verdad, pero tenían que seguir yendo a sesiones con Aidé, para seguir reforzando lo que ya se había platicado anteriormente tanto con Matías como con sus papás.

Al salir del consultorio, se fueron a casa de los papás de Esther quienes los esperaban junto con su hermana, su esposo y el pequeño Jaime, con una cena que iban a degustar todos juntos en son de familia, Matías no hizo otra cosa más que platicarle a sus abuelitos que ya tenía un papá, que eso lo hacía muy feliz y más porque era Heriberto, incluso el pequeño le dijo a su abuelito Tomás que no se pusiera triste que el siempre iba hacer su primer papá.

A Esther y a Heriberto los uniría toda su vida una pequeña persona que, con su entusiasmo y alegría, los hacía sentir plenos y sabían que nunca más estarían solos que habían formado una familia. Un día Esther platicando con sus amigas, mostró una gran felicidad al ver como su hijo tenía a su papá y ella a su compañero de vida. Una mañana se encontraba Esther sentada en su oficina suspendió por un momento el trabajo que tenía que hacer del noticiero y se dio un tiempo para pensar, como fue que ocurrió todo para que por fin ella tuviera a su familia y contemplo la foto de Matías que tenía en su escritorio, sonrió y solo se le cruzo por su mente que se derivó todo con el anhelo tan grande de convertirse en mamá. FIN