Marco Antonio Vázquez Villanueva

Un selfie y el trato de alcaldes distinguidos por parte de la administración estatal los delata, son traidores a la cuarta transformación, sus odios e intereses personales pudieron más que sus lealtades partidistas y, lo que se avecina para ellos, será un llamado a cuentas.

Y no, no es un análisis concienzudo, ni siquiera palabras propias, son del alcalde de Madero, Adrián Osegura Kernion, quien poco antes de la elección dijo que los votos habrían de distinguir quienes eran los traidores y quienes seguían fieles a Morena y su candidato, él perdió su municipio, también el alcalde de Altamira, Armando Martínez, ambos son los únicos alcaldes de Morena a los que no se les persiguió ni se les hizo señalamientos alguno, ambos aparecen muy sonrientes al lado de los liderazgos reales del panismo en una selfie, ambos le atizaron al pleito interno con tal de que la gente pensara en una división en Morena, los seguidores y patrocinados por ambos fueron los que más atacaron al doctor en la precampaña y campaña.

El otro sospechoso es el predicador, el Alcalde de Victoria, Eduardo Gattas, que prefiere huir por una presunta persecución y, bueno, eso es entendible, lo incomprensible es que haya frenado toda la operación política en el municipio, eso sí, sin justificación alguna.

Al alza el alcalde de Matamoros, Mario López que en forma contundente mostró de que lado estaban sus quereres, le entregó un colchón de más de 40 mil votos a su partido, es la diferencia positiva sobre los que sacó el PAN en su municipio, también a la alza la presidenta municipal de Nuevo Laredo, Carmen Lilia Cantú Rosas, que aún con todos los problemas que le pusieron, con amenazas y demás, no se frenó en su operación política y obtuvo resultados.

Reynosa es un tema aparte, con todo y que muchos liderazgos se alinearon al doctor la diferencia de votos no fue tan grande como en Matamoros, funcionó el trabajo de José Ramón Gómez Leal, pero luego habrá que analizar el resto para conocer su peso específico, el de Maky Ortiz y el alcalde Carlos Peña, también a Oscar Luebbert, al Betico Valdez, a muchos otros.

Lo que queda claro, de todo, es la traición de los alcaldes del sólido sur que fingieron demencia o apoyaron al PAN con sus acciones que presumían hacer en forma inocente, a ellos, sobre todo al de Madero, Adrián Oseguera, bien que le acomodaría en este momento la sentencia de que El traidor por su boca muere…

TIEMPO DE SANAR HERIDAS… Como buen doctor, al casi gobernador electo, Américo Villarreal Anaya, le debe quedar clara una cosa, a Tamaulipas le urge sanar las heridas que dejó la campaña política que polarizó al Estado, que por poco nos convence que la mitad de los tamaulipecos somos chairos y la otra fifis cuando la realidad es que todos somos personas con muchos anhelos de mejorar nuestra calidad de vida, vivir en paz, trabajar, con salud y nadamás.

Guste o no, el pueblo ya no tiene nada que hacer en este proceso en el cual vendrán impugnaciones, recursos jurídicos que los partidos interpondrán unos tratando de hacer cambiar los resultados y otros de mantenerlos, pero eso es normal, es más, hasta exigible por parte de los ciudadanos con alma de demócratas que queremos ver progreso y conocemos que este pasa necesariamente por la justicia y la democracia, la certeza.

Cómo sea, como venga la siguiente etapa del proceso, quizá mucho ayudaría que los dos candidatos punteros hagan el mismo llamado a sus seguidores, a guardar armas, hacer las paces, a tener paciencia, sobre todo, a la unidad, a que todos entendamos que la campaña acabó y vienen nuevos tiempos en el gobierno sin importar quien logré mejores resultados en lo jurídico.

Por experiencia, sabemos que revertir un resultado en los tribunales es muy complicado a menos que se anule la elección y para que ello ocurra tendrían, prácticamente, que ser echados los dos candidatos actuales de la campaña, cosa que parece imposible.

Para que se dé una idea de lo complicado de revertir resultados en los tribunales quizá le convenga recordar el México del 2006, en aquellos días Felipe Calderón, del PAN, ganó la elección presidencial con menos del .5 por ciento de los votos, unos 250 mil sufragios que no se pudieron echar abajo en impugnaciones de todo el país y con muchos señalamientos, a qué vamos, pues a que hoy, en una elección estatal, la diferencia de votos es de 82 mil, casi del cinco por ciento con respecto a la participación ciudadana, y  es a favor del doctor Américo Villarreal, si bien en números la distancia es corta en lo real se tiene que aceptar que es bastante considerable para pensar que pueda cambiar en los tribunales, proporcionalmente es 10 veces más amplia la distancia entre aquella elección del 2006 y está.

¿Quiere otro ejemplo más cercano?, revise los números de la elección de presidente municipal de Nuevo Laredo, la del año pasado, la distancia es más o menos similar a la de la elección estatal y tampoco pasó nada, solo acusaciones.

Pase lo que pase, que le insisto que todo es posible hasta el revertir resultados, aunque se vea más complicado que ir a Marte, lo mejor será que ambos candidatos comiencen a llamar a sus huestes a aceptar el camino de la paz y sanar heridas, ya luego que venga un gobierno para todos, para el futuro, para el bien el Estado porque hay una verdad que no podemos, ni pueden ellos, soslayar, ya es urgente atender al pueblo y sus demandas…

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