Por Jaime Alberto Rodríguez Sánchez

El autor es Maestro en Historia por El Colegio de San Luis A.C.

 

Tamaulipas fue escenario del acontecer de la Revolución Mexicana de 1910, aunque la lucha se tornó más política que violenta en los primeros años del conflicto, pues la primera etapa del movimiento revolucionario encabezado por Francisco I. Madero, no tuvo “sacudimientos bruscos” o hechos de armas en Ciudad Victoria. Sin embargo, James D. Cockcroft advierte que “la crisis de febrero de 1913, la decena trágica, que condujo al derrocamiento de Madero, originó un radicalismo general entre los revolucionarios de varias ciudades de provincia del país, incluyendo a Ciudad Victoria.”

 

En principio, Adelaida Benítez de Noriega afirma que la contienda revolucionaria arribó a la entidad como un “rumor”, por lo que no trajo trastornos en la estabilidad del gobierno ni en la vida cotidiana de los tamaulipecos. Por su parte, Leopoldo Bello López relata que por aquel entonces “Ciudad Victoria era una de las más antiguas de estos rumbos, que estaba en una región fértil, que era hermosa y con bastantes árboles, y muchos de ellos de frutas.” Y agrega que “sus ganados eran famosos por su gran calidad, y sus caballos alcanzaban un amplio precio al tener su fierro pintado porque era un símbolo bueno.” Así mismo, dicho autor hace señalamientos referentes a la calle Hidalgo, a algunos negocios y recintos oficiales de la ciudad, al Teatro Juárez, a la Plaza Hidalgo, a la calle Tijerina y al Paseo “General Pedro José Méndez.”

 

Para Bello López, “la calle Real o Hidalgo era larga, en un extremo, al lado de donde el sol se mete, estaba la Estación del Ferrocarril, y a unas veinte cuadras en donde el sol aparece, se encontraba el Parián, al que muchos llamaban Mercado Argüelles.”

 

En aquellos años, además de la Plaza Juárez, “estaba la de Hidalgo, cerca del Parián, con árboles frondosos y con un bello kiosco muy bonito”, asegura el autor.  De los edificios públicos de la capital, Bello López abunda que éstos eran “sencillamente soberbios.” Al respecto, señala que “me gustaba verlos; el del Gobierno del Estado estaba ubicado en la avenida Colón y Alameda; en él trabajaba el gobernador, mismo que llegaba a pie y otras veces en esos infernales vehículos que caminan sin ser estirados por caballos o mulas, que hacen mucho ruido.”

 

Según Bello López, el Teatro Juárez se encontraba “entre los callejones quince y dieciséis, en la calle Juárez, frente a la Plaza del mismo nombre, allí estaba un bellísimo teatro, que había sido construido en el siglo XIX”. Por su parte, los victorenses estaban “orgullosos de él”; y “a mí me hubiera gustado venir algún día del rancho con mis hijos, y luego con mis nietos.”

 

Sobre la calle Juan B. Tijerina, que la gente llama Ocho, “estaba una Iglesia; y enfrente de ella, la Comandancia de Policía; y por la calle 9, se encontraba la Presidencia Municipal y los juzgados penales, y atrás, por la calle Matamoros, estaba la Penitenciaría del Estado”, reseña Bello López. Y por la Alameda, dice dicho autor que “rumbo al sur de la localidad, ya en las afueras de Ciudad Victoria, estaba el Paseo Méndez, lugar de recreación y esparcimiento, que tenía patos, palomos y venados, encerrados dentro de unas cercas de alambres, bien gordos y hermosos, libres de los ataques de depredadores.”

 

Ciudad Victoria era sede de los poderes del estado y cabecera de partido del Distrito Centro de Tamaulipas, de los cuatro en los que se dividía administrativamente nuestra entidad para su control. Los distritos restantes eran el del Norte, con cabecera en Matamoros; el del Sur, con cabecera en Tampico; y el Cuarto Distrito, con sede en Tula. Dependían de este último municipio, los de Jaumave, Miquihuana, Palmillas y Bustamante, mismos que conformaban el altiplano tamaulipeco, en donde surgió un violento movimiento revolucionario a diferencia de Ciudad Victoria, en donde la Revolución Mexicana se caracterizó por la lucha electoral entre los clubes políticos de 1910 a 1913.

 

El llamado de Francisco I. Madero en el Plan de San Luis, a levantarse en armas el 20 de noviembre, a las seis de la tarde, como protesta a la violación a la voluntad ciudadana en las elecciones presidenciales, fue atendido por una gran variedad de grupos sociales. De acuerdo con Álvaro Matute, la amplitud de temas que tocaba el Plan de San Luis hacía que lo secundaran quienes buscaban el establecimiento de la democracia y la justicia social, como el profesor y litigante Alberto Carrera Torres, quien en Tula se levantó en armas el 21 de mayo de 1911, cuando se firmaron los tratados de paz de Ciudad Juárez, Chihuahua.

 

Poco tiempo después hubo relevo de gobernadores, transición que se llevó a cabo en Ciudad Victoria. El licenciado Espiridión Lara renunció al gobierno del estado y en su lugar el abogado Matías Guerra tomó la estafeta de la entidad en diciembre de 1911. Guerra volvió a ser mandatario estatal por segunda ocasión en febrero de 1912, gracias al apoyo que le brindó el Partido Legorrista, cuyo fundador, el licenciado Fermín Legorreta murió en “circunstancias bastantes sospechosas.”

 

Un año después, don Matías reconoció como presidente de México al general Victoriano Huerta y desaprobó la actitud del general Venustiano Carranza de unirse al movimiento revolucionario. Para entonces había muerto Francisco I. Madero y José María Pino Suárez el 22 de febrero de 1913. Según Tomás Reséndez, la Logia Amor y Ciencia convocó a “una tenida de duelo, con motivo de la muerte del miembro de esa hermandad, el señor Madero.” Un mes después, es decir, el 22 de abril se dio el primer hecho de armas en Ciudad Victoria, pues fue asechada por fuerzas constitucionalistas a las órdenes de cinco jefes militares: Miguel Navarrete, Emilio P. Nafarrate, Blas Corral, Juan Jiménez y Conrado Gallardo. Por su parte, Ciro de la Garza apunta a que los del 21 Cuerpo de Rurales del Estado de México, comandado por J. Agustín Castro, también atacaron a Ciudad Victoria.

 

La localidad estaba guarnecida por la milicia leal al general Victoriano Huerta y al gobernador Matías Guerra. Por su parte, el oficial Navarrete y compañía tomaron la Plaza Hidalgo, tras un duro combate. Luego, asaltaron el Santuario de la Virgen de Guadalupe en la Loma del Muerto, mientras que se desarrollaron combates simultáneos en las instalaciones de la Cárcel del Estado, así como en las inmediaciones del cuartel militar huertista. Como consecuencia, ambos bandos sumaron bajas entre sus efectivos; y los revolucionarios finalmente fueron desalojados de Ciudad Victoria, tras una breve ocupación.

 

Esto desencadenó dos situaciones, por un lado, Matías Guerra fue relevado por el licenciado Joaquín Argüelles, y por el otro, el jefe de rurales Luis Caballero de Jiménez, Tamaulipas se reveló contra el general Huerta a principios de mayo. Al mes siguiente, el jimenense fue ascendido militarmente debido a su actuación en el campo de batalla durante la toma de Matamoros. En este acontecimiento participaron también Lucio Blanco, Cesáreo Blanco, Emilio P. Nafarrate entre otros militares de alto nivel.

 

Por el lado contrario, Matías Guerra y Victoriano Huerta fraguaron el ascenso del general guanajuatense Antonio Rábago, pues fue nombrado gobernador y jefe militar de Tamaulipas a mediados de julio. Mientras tanto y por decreto se creó el Cuerpo del Ejército del Noreste, al que se adhirieron las fuerzas revolucionarias tamaulipecas.

 

Mientras tanto, Rábago disolvió el Congreso del estado, lo cual provocó el segundo hecho de armas en Ciudad Victoria que ocurrió a temprana hora del 16 de noviembre, cuando el general Pablo González, jefe del ejército del Noreste, llevó a cabo el sitio sobre la localidad con 2, 500 hombres.

 

Carlos González Salas detalla que previamente González comenzó a reunir y organizar sus fuerzas militares con la coordinación de varios oficiales a sus órdenes, entre ellos Jesús Novoa, quien se lanzó contra el destacamento federal que se encontraba en la estación de Caballeros, resguardada por el teniente coronel Jesús M. Ramírez. Por otro lado, el general Jesús Agustín Castro avanzó sobre el norte, en donde se encontraba el general Higinio Aguilar, logrando “encajonarlo” en el Molino de Terán. Oficiales revolucionarios como: Antonio I. Villarreal, Francisco Murguía, Cesáreo Castro, Teodoro Elizondo, Luis Caballero entre otros efectuaron un ataque simultáneo, por lo que hubo enfrentamientos en la finca de Las Vírgenes, en el Cementerio del Cero Morelos, en el Santuario de la Virgen de Guadalupe, en el Henequenal de los Terán, en la Estación del Ferrocarril entre otros puntos estratégicos de la capital de Tamaulipas.

 

En total, fueron dieciséis sitios en los que se desarrollaron los encuentros de armas entre los bandos contendientes. De acuerdo con el plano de operaciones de Ciudad Victoria, las fuerzas revolucionarias avanzaron sobre la Estación del Ferrocarril, la que fue asechada por cuatro flancos. La Loma del Muerto fue sitiada por tres lados y el occidente de la localidad también fue capturada por tres flancos. De esta manera, Ciudad Victoria quedó rodeada por los atacantes, y por su parte, el Ejército huertista hizo frente a sus contrincantes en el Palacio de Gobierno, en la Casa Municipal, en las oficinas del telégrafo, en la Catedral de Nuestra Señora del Refugio, así como en el recinto de la Administración de Correos, en el Hospital Civil, en el Juzgado del Registro Civil, en el Rastro Municipal y en el Mercado. Así mismo, los huertistas se parapetaron en las plazas de Hidalgo, de Morelos, de La Libertad o Benito Juárez, del Genio, y de la de Colón. Por último, el Paseo Méndez fue un punto de defensa ante el asecho de las brigadas constitucionalistas. Cabe mencionar que Ciro de la Garza señala que la plaza victorense fue defendida por 1, 400 soldados federales, quienes tenían cuatro cañones y entre los jefes militares se encontraban: Antonio J. Rábago, Juan de D. Arzamendi e Higinio Aguilar.

 

Los combates duraron del 16 al 18 de noviembre, y el general Luis Caballero quedó a cargo de Ciudad Victoria, tras tomar la ciudad, mientras que Rábago y sus lugartenientes escaparon por el Camino Real a Tula. Como consecuencia, Ciudad Victoria perdió la capitalidad, la que fue finalmente fijada en el Puerto de Tampico a inicios de 1914.

 

Inmediatamente, Caballero planteó la idea de establecer cuatro cuarteles en Ciudad Victoria para su defensa. Uno de ellos se fijaría en la finca de Las Vírgenes, otro en el Santuario de la Virgen de Guadalupe y dos más en la Estación del Ferrocarril en el poniente de la localidad. Mientras tanto, aconteció el asecho villista por parte del profesor y general Alberto Carrera Torres, quien finalmente fue desalojado en compañía de sus efectivos rumbo a Jaumave y Santa Engracia en 1915. Después, Luis Caballero permaneció en Ciudad Victoria, pero en 1918, se rebeló contra Venustiano Carranza, por lo que al ser derrotado se refugió en su natal Jiménez; y en Ciudad Victoria volvió el orden constitucional de manera intermitente.