A un año del «Jueves Negro»: lo que pasó el 17 de octubre de 2019 en Culiacán

Se cumple un año del "Culiacanazo" o "Jueves Negro", día que Culiacán, Sinaloa se convirtió en escenario de guerra y el terror se instaló, tras la captura y la liberación de Ovidio Guzmán, hijo del Chapo.

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Culiacán, Sinaloa.- Este sábado 17 de octubre de 2020 se cumple un año del llamado «Jueves Negro» de Culiacán, Sinaloa, el día que la ciudad se volvió escenario de múltiples enfrentamientos entre fuerzas de seguridad y civiles armados después de la detención y posterior liberación de Ovidio Guzmán, hijo de Joaquín Guzmán Loera, alias El Chapo.

Hombres armados sitiaron durante largas horas a la población bajo el terror, la angustia y el miedo, una fecha que ha dejado una imborrable huella en la memoria colectiva de los culiacanenses.

Conocido también como el «Culiacanazo», lo que pasó el 17 de octubre de 2019 alcanzó eco no sólo en todo México, sino a nivel internacional, dando pie a intensas críticas y cuestionamientos a las autoridades por su operativo fallido para capturar a Ovidio Guzmán López, hijo de Joaquín «El Chapo» Guzmán, hecho que detonó la jornada violenta en la capital sinaloense.

Un total de 13 personas perdieron la vida ese día, confirmaron en su momento la Fiscalía General de la República (FGR) y la Fiscalía General de Sinaloa. No se sabe con exactitud, pero lo cierto es que varias de estas víctimas fueron civiles inocentes que estuvieron en el lugar y momento equivocado, en medio del estruendo de las balas.

Diversos puntos del corazón de Culiacán, principalmente en la zona urbana Tres Ríos, se volvieron el epicentro de la violencia que desató la psicosis en la población. Los reportes comenzaron alrededor de las 3:00 pm a través de redes sociales, pronto comenzaron a circular imágenes en las que se observaba a hombres fuertemente armados recorriendo las calles de la ciudad a bordo de vehículos, bloqueando algunas de las principales vialidades.

Cientos de personas que se encontraban en plena calle, centros de trabajo, restaurantes y plazas comerciales tuvieron que refugiarse en esos sitios al enterarse de lo que pasaba, llegando incluso a pasar la noche allí con tal de no exponerse.

El transporte público suspendió su servicio, algunos camiones fueron interceptados por los presuntos sicarios, usados para bloquear accesos e incendiados; lo mismo sucedió con vehículos particulares. La ciudad en su vista panorámica parecía un campo de guerra, con columnas de humo en distintos puntos. «No es Siria, es Culiacán», se advertía.

El terror sólo creció cuando comenzó a difundirse que toda la violencia era debido a la detención de Ovidio Guzmán López, uno de los hijos de «El Chapo» Guzmán, exlíder del Cártel de Sinaloa. Imágenes del hijo del capo retenido por las Fuerzas Armadas se expandieron como pólvora en grupos de WhatsApp y redes sociales: la noticia no auguraba nada bueno para los culiacanenses, que quedaban en medio de la abrupta guerra.

El operativo y las horas de terror

De acuerdo al informe presentado por la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), el operativo del «Culiacanazo» inició en punto de las 2:30 pm, cuando los militares rodearon el imbueble donde ubicaron al susodicho, quien se encontraba acompañado de su familia.

Decenas de elementos del Ejército y la Guardia Nacional desplegaron un círculo de seguridad, se encontraban a la espera de recibir la orden de cateo emitida por la autoridad judicial para ingresar al inmueble, sin embargo, hacia las 2:50 pm comenzaron a ser agredidos con disparos por los delincuentes, por lo que decidieron proceder.

A las 3:15 pm irrumpen en el estacionamiento del inmueble y sale a su encuentro una mujer, comienzan los gritos, luego aparece Ovidio Guzmán, con las manos en alto en señal de que no porta armas. Es en ese momento que se le toman las fotografías que pronto fueron filtradas en redes sociales y medios de comunicación.

Apenas lo retuvieron, los efectivos exigieron al hijo de «El Chapo» que pidiera un alto al fuego, por lo que llamó vía telefónica a su hermano, Iván Archivaldo Guzmán.

«Ya paren todo oiga, ya tranquilos, ya ni modo, dígales que se retiren, pero ya dígales, ya no quiero que haya desmadres», dijo Ovidio.

Sin embargo, Iván se negó rotundamente a la petición, en su lugar amenazó con agredir a las fuerzas militares y sus familias, lo que efectivamente sucedió, ya que al poco tiempo arribaron decenas de hombres armados a la unidad habitacional 21 de marzo, cerca del cuartel de la Novena Zona Militar, donde residían familiares de los militares.

Algunos de estos familiares relataron cómo comenzó todo: se escucharon detonaciones, no pudieron más que tirarse al piso para resguardarse, con niños preguntando qué sucedía, todo mientras los soldados se encontraban ausentes, participando en el operativo. Hubo disparos contra la fachada del edificio, los elementos tardaron apenas unos cinco minutos en llegar a resguardar la zona, lapso que se sintió eterno para las familias.

A las 3:25 pm se reportaron los primeros militares heridos durante los enfrentamientos, y a las 3:50 fueron tomadas por hombres armados  las Bases Militares de Operaciones ubicadas en Cosalá, Costa Rica y El Fuerte, donde además retuvieron al personal.

Más de una hora después, a las 15:04 de la tarde, el Presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) fue interceptado en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, donde se limitó a responder que sería el Gabinete de Seguridad quien informaría sobre los hechos.

Las agresiones contra instalaciones y fuerzas militares continuaron en distintos puntos de Culiacán, mientras algunos civiles eran despojados de sus vehículos, los cuales fueron incendiados por los agresores.

Mientras el caos se apoderaba de la ciudad, 51 reos se fugaron del penal de Aguaruto, ubicado a las afueras de Culiacán, luego de que con apoyo de grupos armados lograron someter a los custodios para salir por la puerta principal del centro penitenciario. Videos difundidos mostraron el momento en que los reclusos se dirigían hacia la carretera Culiacán-Navolato y despojaban vehículos para darse a la fuga. Cuatro de los internos fueron rehaprendidos al poco tiempo.

Todo esto mientras la ciudad ardía entre balas y cientos de personas se resguardaban en comercios, llamando a sus familiares para narrar la situación e incluso despedirse, con el temor de no sobrevivir a ese día.

Liberación de Ovidio

Al verse rebasados en número por los agresores y ante la amenaza de agresiones a civiles inocentes, el Gabinete de Seguridad tomó la decisión de suspender el operativo y liberar a Ovidio Guzmán para acabar con los enfrentamientos y evitar una escalada de violencia.

A las 7:17 pm, más de cuatro horas después de que iniciaran los enfrentamientos y bloqueos, el hijo de «El Chapo» fue puesto en libertad. Orden que después se sabría dio el Presidente de la República.

«Yo ordené que se detuviera ese operativo y se dejara en libertad a ese presunto delincuente para no poner en riesgo a la población, porque iban a perder la vida, si no suspendíamos el operativo, más de 200 inocentes».

Al día siguiente, los abogados de la familia de Guzmán Loera expresaban su agradecimiento al Gobierno de México por haber tomado la decisión de liberar a Ovidio.

La tensa calma

Pese a que los enfrentamientos cesaron tras esta acción, la calma no llegó para los habitantes de Culiacán. Muchos pasaron la noche en comercios con el temor de que las balaceras se desataran nuevamente, con el recuerdo del «Jueves Negro» marcado. La ciudad estaba paralizada: camiones y autos incendiados, caravanas dando los últimos rondines, disparos al aire continuaron escuchándose a lo largo de la noche.

Al día siguiente, una tensa calma se respiraba en las calles de la ciudad, los vestigios de la guerra asomaban por doquier, algunos cuerpos todavía yacían tirados sobre el pavimento y encajuelados. Casi nadie se atrevió a salir ese día.

Cuerpos sin identificar comenzaban a descomponerse sobre el bulevar Enrique Sánchez Alonso, en las inmediaciones de la Fiscalía General del Estado, algunos ciudadanos levaban en las suelas de sus zapatos partículas de sangre seca, pólvora y cristales rotos.

Algunos establecimientos lucían múltiples impactos de bala en sus fachadas y cristales, también algunos árboles. Eran las marcas claras de balas de calibre 50, usadas en las famosas AK-47 o «cuernos de chivo».

Las autoridades resguardaron la zona y comenzaron a retirar los vehículos calcinados y los cuerpos de las víctimas, sin detenerse a responder a los cuestionamientos de los presentes.

Recuento de los daños del «Jueves Negro»

En su informe sobre los hechos del «Culiacanazo», la Sedena informó el fallecimiento de al menos ocho personas: un civil, un agente de la Guardia Nacional, un interno y cinco agresores.

Los heridos ascendían a 17: un oficial y ocho agentes de la Guardia Nacional, siete soldados, un policía estatal y dos policías municipales, mientras que se registró la retención 11 elementos: dos oficiales y nueve tropas, quienes fueron liberados en distintos lugares.

En la unidad habitacional de la Novena Zona Militar se reportaron 20 militares y familiares afectados en sus bienes y psicológicamente, cuatro vehículos particulares con impactos de bala y cuatro domicilios allanados a los que se introdujeron con lujo de violencia.

En cuanto al armamento asegurado, la Secretaría de Seguridad Pública de Sinaloa informó que durante y después de los hechos se decomisaron una ametralladora Minimi, ocho armas largas, tres armas cortas, siete granadas de fragmentación, tres granadas calibre .40, una granada fumígena, cuarenta cargadores, cerca de mil cartuchos y 20 vehículos.

Posteriormente, la Fiscalía General de la República y la Fiscalía de Sinaloa informaron que ese 17 de octubre se registró la muerte de 13 personas y cuatro heridos, así como 54 denuncias por robo de vehículo.

A un año del «Culiacanazo»

Lo que pasó el 17 de octubre de 2019 en Culiacán ha pasado a la historia como uno de los días más sombríos para los habitantes del municipio, un crudo recordatorio de que convivimos con una bestia dormida que ese día despertó.

La mala planificación del operativo fallido y la liberación de Ovidio Guzmán se convirtieron en objeto de numerosas críticas y cuestionamientos al gobierno d eAndrés Manuel López Obrador, quien no ha dejado de defender la decisión que tomó ese día.

Lo cierto es que, pese a que ese día la violencia se impuso con una fuerza sin precedentes, se trata de una compleja problemática que nunca fue erradicada en Sinaloa: los homicidios, balaceras, desapariciones y desplazamientos de pueblos en sindicaturas y zonas serranas no han dejado de hacerse patentes en la capital sinaloense.

Pero Culiacán tampoco se reduce a la violencia: miles de familias, personas trabajadoras que salen día a día a ganarse el pan de forma honesta en esta ciudad tienen el fuerte deseo de que haya paz para sus habitantes.

Con Información de: El Debate

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